¿Qué es el sarampión?

Es una enfermedad vírica sumamente contagiosa que se propaga con facilidad cuando una persona infectada respira, tose o estornuda. Puede causar síntomas graves, complicaciones e incluso la muerte, especialmente en bebés, niños pequeños, personas con defensas bajas y mujeres embarazadas. Los signos y síntomas aparecen entre 7 y 14 días después del contagio.

Síntomas

Tras el contagio, el sarampión presenta signos que suelen iniciar como un cuadro respiratorio y luego evolucionan:

          Fiebre alta.

Tos constante.

Ojos enrojecidos y llorosos (conjuntivitis).

Moqueo (rinitis aguda o romadizo).

Manchas blancas dentro de la boca.

Sarpullido (puntos rojos) o erupción en la piel.

Complicaciones

Si no se maneja adecuadamente, el sarampión puede afectar gravemente la salud causando:

Ceguera.

Encefalitis (infección cerebral).

Diarrea severa y deshidratación.

Infecciones de oído.

Problemas respiratorios graves.

Además, el sarampión debilita el sistema inmunológico, aumentando el riesgo de otras enfermedades.

¿Cómo se transmite?

Se caracteriza por su alta facilidad de propagación, lo que puede generar brotes, especialmente en poblaciones vulnerables y se pueden transmitir de las siguientes formas:

Tos y estornudos: se transmite por gotas respiratorias.

Aire y superficies: el virus puede permanecer en el ambiente o en objetos por un tiempo.

Contacto cercano: aumenta el riesgo de contagio.

Brotes: sobre todo en niños pequeños o con malnutrición.

¿Quiénes tienen mayor riesgo?

Existen condiciones que facilitan el contagio y aumentan la probabilidad de presentar complicaciones o cuadros graves:

El sarampión no tiene una cura específica, pero el manejo adecuado ayuda a aliviar los síntomas y prevenir complicaciones. Para fortalecer el organismo ten en cuenta beber suficiente agua, tener una buena alimentación tomar vitamina A si su médico se lo receta.